El puesto era mío

Yo era una estudiante de economía cuando decidí compaginar mis estudios con el trabajo e inicié mi vida laboral en el área de depósito de cuentas de INFORMA.

Allí pasé seis años de mi vida, hasta que un día RRHH envió un mail con una oferta de promoción interna. La secretaria de la Dirección General Técnica se iba y se abría un proceso de selección para buscar candidatos, dentro de la empresa inicialmente, y si los candidatos no cubrían el perfil la selección sería externa.

Por aquella época estaba embarazada (37 semanas) de mi primera hija. La oferta despertó mi interés y me planteé la posibilidad de presentarme, lo pensé mucho, dudé, pedí consejo a mi marido, amigos, familiares… El puesto me gustaba, era una oportunidad de cambiar, de mejorar, pero… ¿ahora? ¿Era el momento? Estaba al final del embarazo, hacer pruebas de selección, entrevista… uuff… y si resultaba seleccionada tendría que cambiar el horario laboral, de jornada continua a partida ¿Ser madre por primera vez y pasar de salir a las 15:30 y trabajar una tarde a la semana, a salir a las 18:00 y trabajar todas las tardes de lunes a jueves? Parece que cuando se es madre se busca lo contrario, ¿no? Pues a pesar de ese inconveniente y con ciertas dudas presenté el currículum, hice las pruebas de selección y me fui a casa a esperar la llegada de mi pequeña.

Estando de baja me comunicaron que el puesto había sido para otra compañera. Me sentí aliviada por no tener que enfrentarme a un cambio laboral a la vuelta y salir de la zona de confort, con los cambios que produce la maternidad ya tenemos bastante, ¿verdad?

Di a luz y empecé a disfrutar de la maravillosa experiencia de la maternidad, ajena a todos los cambios organizativos que estaban ocurriendo en INFORMA (El director financiero se fue, su secretaria fue seleccionada para cubrir el otro puesto, llegó el nuevo director financiero…y… de nuevo se necesitaba una secretaria de dirección).

Un buen día entre lactancia, cambios de pañales, paseos… recibí una llamada de un número desconocido que no llegué a atender, no le di mayor importancia, pensé que sería alguna empresa ofreciendo condiciones maravillosas para captarme como clienta. Pero, la llamada se repitió en varias ocasiones a lo largo de la semana, mismo número e insistía ¿Qué pasaría? ¿Quién sería?  Decidí devolver la llamada. Me sorprendí al escuchar que el lugar al que llamaba era INFORMA y que quien me había llamado era la directora de RRHH, ¿qué querría?

Nerviosa  y sorprendida escuché con atención la oferta que me hacía basada en las normas de los procesos de selección de la empresa. Al resultar segunda en las pruebas de selección del puesto de secretaria anterior, y no haber pasado más de tres meses desde ese proceso hasta que surgió otro de las mismas características y condiciones, el puesto, si quería y el director del que iba a depender también, era mío.

Las dudas y los miedos volvieron, ya tenía a mi hija en brazos, ¿qué pasaba con la baja maternal y mis días de lactancia? ¿Estaba dispuesta a empeorar el horario? El sueldo y el nivel eran mayores, pero… Todo pesaba mucho en mi decisión.

Lo medité y accedí a una entrevista con el que sería mi nuevo jefe. Antes me reuní con la directora de RRHH y me fue despejando dudas, el horario era partido, pero con la opción de flexibilizar, la hora de salida eran las 17:30 y viviendo cerca como era el caso, no estaba mal.

Mi baja no corría peligro, si aceptaba el puesto, me esperaban hasta finalizar la baja, incluir la lactancia y días de vacaciones… ¡Guau! Era mejor de lo esperado.

¡¡La empresa me guardaba el puesto hasta la incorporación!! Eso no es muy normal, ¿no creéis? Ser madre y sentirte arrinconada o con menos opciones de ascenso suele ser lo normal… Pero en mi caso no fue así. Todo lo contrario.

La entrevista con el director fue bien y acepté el puesto.

Llegó el momento de la incorporación, ¿Cómo sería compaginar el trabajo con la maternidad? Quería mantener la lactancia materna todo el tiempo posible y tanto desde RRHH como mi nuevo director me dieron facilidades, ofreciéndome sala para el momento de sacarme leche en el descanso y en la hora de la comida, así hasta los 11 meses de la niña… Pasaron los años, el director se fue, llegó otro estupendo y tuve mi segundo hijo…

Por suerte, tenía todos los medios necesarios para que la conciliación entre la vida familiar y laboral funcionara, abuelos para poder recoger a los niños, guardería de confianza con personal conocido dentro de ella, padres con horario flexible, jefe estupendo y comprensivo… Todo ello junto con la facilidad de tener trabajo, hijos y casa a 10 minutos.

Laura Sanz Barahona. Informa D&B

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