Un día en la vida de mi hija

Ya sabemos que tener hijos requiere un gran esfuerzo para sacarlos adelante; necesitan muchos cuidados y mucha atención. La incorporación de la mujer al trabajo dificulta encontrar el tiempo que un niño requiere, de forma que se hace imprescindible buscar una fórmula en la que los dos cónyuges colaboren y se ocupen de la familia. Por eso, cuando tuvimos a nuestra primera hija, Carla, sabíamos que íbamos a contar con el apoyo de mi empresa para hacernos más fácil esta tarea. Todo cambia aún más cuando nace nuestra segunda hija, Ana, con parálisis cerebral. Primero, debes asimilar lo que te ha pasado. Creo que, aunque sabes que corres riesgos a la hora de concebir, nunca piensas que te puede pasar a ti, nunca estás preparado para algo así. Mi esposa se tiene que recuperar de la cesárea y del ataque al corazón posterior al nacimiento de Ana. Pero ella es muy fuerte y, una vez aceptado el hecho de cómo ha nacido Ana, decide no rendirse e intentar todo lo que esté en nuestra mano para mejorar las condiciones de vida de nuestra hija.

 La lista de médicos, de terapias, es incontable. Empieza un rosario de consultas médicas, cada una con sus diferentes diagnósticos; los neurólogos más optimistas confían en que con un tratamiento y una terapia contínua se puede mejorar el pronóstico; los menos optimistas te desgarran cuando solo prevén la postración permanente en cama. La parálisis de Ana conlleva numerosas hospitalizaciones y múltiples afectaciones, pues niños así sufren muchas complicaciones. Mi esposa no puede continuar con su vida laboral porque Ana requiere atención permanente. Nos aconsejan que aprovechemos los primeros años para trabajar con ella, pues, es el momento de mayor desarrollo cerebral. Así que, buscando diferentes terapias, mi mujer y mis dos hijas se trasladan a varios sitios de la geografía española tratando de encontrar la máxima ayuda. Es en este momento cuando me di cuenta que la empresa en la que estoy te apoya y te ayuda a sobrellevar el día a día con ayudas como la de familiares con minusvalía, ayuda escolar, ticket guardería, etc.

Mi hija ya tiene casi cinco años y desde hace dos hemos intentado ubicarnos  permanentemente en Sevilla, restringiendo las largas estancias a dos meses al año y a varios desplazamientos de una semana para terapias intensivas. De esta manera, nuestra hija mayor no tiene que cambiar de escuela y estar alejada de mí y de su casa. Ahora puede disfrutar de su familia, de sus amigas, de su cole y no romper su rutina.

Para nosotros es importante coger las vacaciones en agosto puesto que en estas fechas Ana no recibe terapias. Gracias a la flexibilidad de la empresa puedo disfrutar de las vacaciones sin interferir en su formación.

El día a día de mi hija empieza a las 7:30 cuando mi mujer la levanta para que ella y su hermana  lleguen a tiempo a su terapia y al cole, respectivamente. Darle el desayuno a Ana no siempre es fácil, a veces quiere comer y otras no. Pero a ella no puedes convencerla y, sin embargo, es indispensable que coma puesto que ahí va incluida la medicación que debe tomarse. Vestirla también se complica en ocasiones, cuando la parte izquierda de su cuerpo se tensa y no permite que se le ponga la ropa. En esos casos, la música, el juego y la paciencia que despliega su madre consiguen que se lleve a cabo la rutina diaria. Mi hija mayor ya tiene ocho años, ya se viste sola, pero no deja de ser una niña que, aunque ha tenido que madurar bruscamente, necesita una atención extra de vez en cuando.

Salen antes de las nueve para que Carla empiece el cole y Ana entre en terapia media hora después. Mi mujer tiene ahora una hora y media para poder solucionar los diferentes asuntos que surgen, después la recoge y se desplaza con ella a un pueblo cercano a fin de que reciba otro tipo de formación. Una vez terminada la sesión, a las dos y media, debe correr a recoger a Carla que, ya comida pues se queda en el comedor, espera con ganas de volver a su casa. Mi mujer da de comer a Ana y come ella, pero no descansa mucho antes de que deba apresurarse para combinar las actividades extraescolares de una y de otra. A estas horas suelo llegar yo a colaborar para que esta suerte de puzzle consiga encajar las piezas y se lleve a cabo.

En estos tiempos tan estresantes no queremos perder de vista que los niños necesitan jugar, además de hacer los deberes. Por eso, nos resulta importante reservar un rato al día y llevarlas al parque. Allí Carla se encuentra con sus amigos y nosotros aprovechamos ese momento para que Ana se distraiga montándola en los columpios y oyendo el ruido de los niños jugar, algo que también la estimula y le gusta. 

No me quiero explayar en la dificultad que conlleva la vida diaria de una familia con unas circunstancias de este tipo, pero sí quiero agradecer y alentar a mi empresa para que continúen las ayudas que estamos obteniendo impulsando otras que pueden aliviar y ayudar a mejorar la conciliación familiar. Hemos podido acogernos a subvenciones,  a un horario flexible, a  diferentes  ayudas y programas de vacaciones. Como reflexión final y propuesta de mejora, considero que sería  interesante que la empresa diera préstamos de emergencia en condiciones ventajosas para las circunstancias que sobrevengan a las familias, el poder acceder a una mutua sanitaria con precios aún más económicos, el tener ayudas para material ortopédico y de adaptación, mayor flexibilidad para trabajar desde casa cuando las condiciones laborales lo permitan.

Quiero que este testimonio sirva para agradecer a la empresa, a la jefatura de la zona sur y por supuesto a los compañeros el apoyo y la ayuda recibida. Por todo esto, me siento arropado desde el primer momento y aprecio la ayuda que recibo pues no solo me la dan a mí, sino también a mi familia

Carlos Guerrero. Grupo CLH

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